Garita de Salvavidas

2014. 100 x 60 cm. Carboncillo y Acrílico sobre papel. Santiago, Chile.

La elaboración del juego y pugna entre tierra y mundo hace necesaria una inspección de los diversos aspectos a partir de los cuales ésta se establece. La estructura mundana es explorada, en este caso, en relación al diálogo que impone lo fronterizo, entre la vastedad y el refugio. La frontera, la reja, se advierte no como imposibilidad de amparo sino como prohibición. Es el constructo, la garita de salvavidas, la que apareciendo en su posibilidad de resguardo se revela en su total desprotección en la medida en que el diálogo con la vastedad se halla denegado por una barrera que, aunque traspasable, se impone sin contemplar ningún sentido para su reglamentar. El habitáculo es así sólo un objeto de museo, un monumento delimitado por un recinto histórico, a fin de cuentas, inhóspito; al mismo tiempo en que, en cuanto inaccesible, se obstruye toda posibilidad de orientación. Sólo queda el horizonte que no deja recursos al peregrino. La frontera territorial y la denegación del diálogo es, por tanto, la imposibilidad del mundo como ámbito de protección. En términos compositivos, la convergencia de los diversos elementos en un centro y la simetría, únicamente rotos por las diagonales de la sombra, la escalera y el techo, describen los factores (protección y acceso) que esperan salvaguardar la existencia cuando se levante la prohibición.