Pináculo

2014. 100 x 60 cm. Carboncillo y Acrílico sobre papel. Santiago, Chile.

Toda una rica gama de significaciones se halla asociada a la analogía de la cumbre. Pero ella es, por lo general, el nombre para las victorias y conquistas del hombre. Alcanzar la cumbre significa, entonces, la apropiación del último de los bastiones de la naturaleza. La artista da cuenta, en este sentido, de las figuraciones a las que echamos mano cada vez que experimentamos aquello que se retrae a nuestra voluntad de poder y dominio. En este respecto, la obra describe, precisamente, la sustracción como sustracción absoluta de la cumbre. La pendiente a la que hacemos frente explora la brusca interrupción en la prosecución de los objetivos a los que la razón da lugar para forjarse un futuro libre de incertidumbre. No obstante, la sobrevenida de la avalancha induce a su vez a la demora o detención en esa pequeña pero insalvable distancia que media entre el observador y una totalidad que se impone a la mirada. Ella habla ahora del fondo melancólico de la vida de aquellos que dialogan con la montaña: esa certeza de un futuro inconsumable propia de los habitantes de Los Andes.