Vía Yerma

2014. 100 x 60 cm. Carboncillo y Acrílico sobre papel. Santiago, Chile.

El paisaje andino se revela aquí como un medroso acercamiento a esa presencia inapropiable de la montaña que, desde la distancia de lo familiar y seguro, creemos nuestro desde la infancia. La artista insinúa, de este modo, el riesgo que implica la travesía hacia la ruptura con la frontera humana y, no obstante, su necesidad. Entre el trazo del carbón y el blanco del acrílico, la faldera despoblada indica un trayecto yermo hacia la cumbre que, aún lejana, expresa en el silencio de la perspectiva del observador, las potencias destructivas que se avecinan. Entre el cielo borrascoso y el crepúsculo que descubre la montaña de blancos cálidos y fríos, nos encontramos ya ad portas de la hegeliana “noche del mundo”, a saber, el ocaso de lo mundano y el levantamiento de la naturaleza en la intimidad de la experiencia humana:

"El hombre es esa noche, esa nada vacía, esa noche que lo envuelve todo en su simplicidad, una infinita variedad de representaciones, de imágenes, ninguna de las cuales es en ese momento pensada ni está presente. Lo que existe aquí es la noche, la naturaleza en su interioridad…” (Hegel).